“Le di antes de que me diera a mí”,dijoun animado Donald Trump a un reportero cuando le preguntó sobre los motivos por los que autorizó el asesinato del líder de Irán, Ayatolá Alí Jamenei, el 28 de febrero de 2026.

Con ese comentario improvisado, Trump reveló que esa ansiedad en torno a su propio asesinato en manos de agentes iraníes influyó su decisión de iniciar una guerra de cambio de régimen estadounidense-israelí que ya ha tenido bajas norteamericanas, el bombardeo de escuelas y hospitales dentro de Irán, ataques iraníes contra bases y embajadas de los Estados Unidos, y una crisis económica global en escalada.

Los temores generalizados de ser asesinado que aquejan a Trump estaban justificados. Estuvo a punto de ser asesinado el 13 de julio de 2024 en Butler, Pensilvania, por un estudiante de ingeniería de 20 años llamado Thomas Crooks que logró disparar ocho veces al para entonces expresidente en una azotea, cortando su oreja y por un pelo fallando en darle en la cabeza. Dos meses después, un vagabundo llamado Ryan Routh fue arrestado tras esconderse por horas en los arbustos a las afueras de la propiedad de Mar-a-Lago del expresidente en West Palm Beach, Florida. Routh había sido descubierto luego de apuntarle con un rifle de asalto a un agente del Servicio Secreto mientras Trump jugaba al golf 350 metros más allá.

Funcionarios todavía no han presentado alguna evidencia de que Irán desempeñó algún papel en alguno de esos atentados contra la vida de Trump. Pero desde aquellos eventos fatídicos, los asesores de Trump alineados con Israel, la inteligencia israelí y el propio primer ministro Benjamin Netanyahu han llegado a niveles extremos para poder asociar a Teherán con estas conspiraciones. Aún más sorprendente es el hecho de que el FBI ha fabricado una serie de tramas de asesinato, exitosamente convenciendo a Trump de que Irán estaba persiguiéndolo en suelo estadounidense con equipos de sicarios altamente sofisticados.

El hombre acusado de liderar las operaciones más significativas, Asif Merchant, actualmente está sometido a juicio en una corte federal en Brooklyn, Nueva York. Luego de que Estados Unidos le concediese una visa a pesar de aparecer bajo vigilancia bajo sospechas de terrorismo, Merchant había estado bajo la compañía constante de un informante confidencial del FBI que finalmente condujo la trama forzada a su conclusión. Nunca tuvo la oportunidad de cumplir sus planes, y no parecía tener mucha seriedad para hacerlo.

El periodista independiente Ken Silva lo plantea de forma sucinta en su libro investigativo por salirLas tramas para asesinar a Trump: “Una revisión a detalle del caso Merchant revela que, como mínimo, se trataba de una operación encubierta altamente controlada por el FBI, que nunca supuso una amenaza para Trump. Aún más perverso, registros y revelaciones de denunciantes señalan que Merchant podía haber sido el chivo expiatorio en un caso totalmente fabricado por los agentes encubiertos”.

Las autoridades arrestaron a Merchant el 12 de julio de 2024, tan solo un día antes de que Crooks intentara matar a Trump en Butler. Horas después del asesinato fallido, agentes del FBI interrogaron a Merchant sobre si de verdad era Irán que tenía a Crooks bajo su control.

En este punto, Trump todavía estaba en campaña para ser un “presidente de paz”. Durante el transcurso,advirtióque su oponente, Kamala Harris, “nos llevaría, garantizado, a la Tercera Guerra Mundial”. Trumpprometióque resolvería la guerra entre Ucrania y Rusia en un solo día,y se distancióde los republicanos pro-guerra que buscaban el cambio de régimen en Irán.

Elementos proguerra en la camarilla de Trump ejercieron múltiples puntos de influencia para revertir los instintos anti-intervencionistas del presidente. Multimillonarios ultrasionistas proveyeron una influencia vital y bien documentada sobre las políticas de Trump al mantener el flujo de caja de las arcas de la guerra. Pero Trump siguió teniendo una personalidad errática cuyos males baladíes mantuvieron a sus ayudantes en un estado perpetuo de incertidumbre.

Fue solamente al explotar las vulnerabilidades psicológicas más profundas de Trump –su miedo a la bala de un asesino– que Israel y sus subsidiarios dentro de su administración fueron capaces de asegurar su influencia sobre el presidente, manteniéndolo en el camino de la guerra contra Irán.

Source: The Grayzone